siendo sinceros yo ahora solo compro alla...
resulta que yo tenia la tarjeta exito, pagaba carisimo, no bajaban los intereses, me entere que estos infelices no le pagaban a los empacadores y los ponian a mendigar a los compradores para ganar dinero (lo que me parece un asco) aprendido de los señores de carrefour (malditos)
tambien que las averias las pagaban las empresas que dejan sus productos y que el primer pedido lo dejaban practicamente gratis, sin contar que debian participar oblgatorio en los descuentos...
pero no volvi ni para escupirlos cuando me entere que sus goticas y los saldos que se donaban a la fundacion exito servian para evadir impuestos...
aparecieron en mi zona dos tiendas D1 y Justo y Bueno resulta que yo tengo una tienda de barrio pero lo de consumo en el hogar lo compro alla, encontre que sus productos son muy buenos, baratos y de todo...
una crema protectora para una ulcera por presion de mi hermano que me costaba 90 mil la consigo alla de mayor calidad por 5 mil
el jabon, la leche hasta la cena navideña la encontre muy barata, tanto que el menu fue gringo, quien dijo buñuelos y tamales a comer pavo y natilla
no falta el gamin que djo que el arroz era plastico, la forma de saberlo no es metiendolo al horno, lavelo... si flota es made in china pero bueno... esa publicidad falsa no los acabo...
yo seguire comprando alla
segun las dos orillas. La estrategia de esta multinacional es apoderarse del comercio de víveres y abarrotes, al inundar el departamento con 200 almacenes y llevar a la pequeña competencia a su fracaso, para luego imponer su monopolio, dejando desempleo, quiebra y recesión. Los dueños de esta cadena son bancas de inversión lideradas por el grupo Santo Domingo. El capitalismo salvaje no tiene consideración con nadie.
Al analizar los costos de operación de estos almacenes, se puede decir que son altos por los millonarios arriendos que pagan. Sin embargo, venden muchos productos al costo. Esta es una práctica de manipulación al consumidor con el fin de cautivarlo, con precios muy bajos, para luego fijar precios a su acomodo.
Hace 12 años las cementeras Argos y Cemex iniciaron una guerra de precios rebajando el valor del bulto de cemento a $6.000 para quebrar a las pequeñas fábricas. Cuando lo lograron el precio aumentó a $20.000. En la actualidad los colombianos pagamos el cemento más costoso de América, algo similar busca esta multinacional: acaparar el mercado y acabar con los tenderos para luego imponer sus propias condiciones.

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